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La tendencia Normcore y la historia de cómo una bomber jacket llegó a ser.

La tendencia Normcore y la historia de cómo una bomber jacket llegó a ser.

Me decidí a abordar esta tendencia que, aunque hace ya algunos años desde acuñado el término sigue estando vigente, es a mi parecer, una actitud al vestir que ha llegado para quedarse, además Normcore reúne varias cosas que me inspiran: una novela, una mujer rebelde, una propuesta de estilo, una palabreja inventada y un toque de ironía. Para quienes disfrutamos las tendencias pero creemos que la esencia de la moda radica en evocar el estilo propio, el Normcore es una propuesta de vestido que sin duda nos da mucho para reflexionar y nos ofrece una gran libertad para crear nuestros propios looks sin gastarnos una millonada.

La novela

De alguna manera pero sin entender claramente cómo, el Normcore se rebela contra la tendencia y se vuelve tendencia. Quizá, diría Cayce Pollard, se rebela contra el estereotipo, contra el monograma y en última instancia, contra la marca.

En su novela Pattern Recognition, William Gibson nos ofrece una protagonista: Cayce Pollard, un personaje con una aversión por los logos, las marcas, “una “sensible” de algún tipo, “una bárbara en el mundo del marketing global”, cuya intolerancia por los monogramas y las etiquetas está “más cerca de la alergia, una reacción mórbida y, a veces violenta, a la semiótica del mercado.”

She knows, now, absolutely, hearing the white noise that is London, that Damien’s theory of jet lag is correct: that her mortal soul is leagues behind her, being reeled in on some ghostly umbilical down the vanished wake of the plane that brought her here, hundreds of thousands of feet above the Atlantic. Souls can’t move that quickly, and are left behind, and must be awaited, upon arrival, like lost luggage.

She wonders if this gets gradually worse with age: the nameless hour deeper, more null, its affect at once stranger and less interesting?

Numb here in the semi-dark, in Damien’s bedroom, beneath a silvery thing the color of oven mitts, probably never intended by its makers to actually be slept under. She’d been too tired to find a blanket. The sheets between her skin and the weight of this industrial coverlet are silky some luxurious thread count, and they smell faintly of, she guesses, Damien.

Not badly, though. Actually it’s not unpleasant; any physical linkage to a fellow mammal seems a plus at this point.

 

[…]

 

She rolls over, abandoning this pointless parody of sleep. Gropes for her clothes. A small boy’s black Fruit Of The Loom T-shirt, thoroughly shrunken, a thin gray V-necked pullover purchased by the half-dozen from a supplier to New England prep schools, and a new and oversized pair of black 501’s, every trademark carefully removed. Even the buttons on these have been ground flat, featureless, by a puzzled Korean locksmith, in the Village, a week ago.

Ella sabe, ahora, absolutamente, al oír el ruido blanco de Londres, que la teoría del jet lag de Damien es correcta: que su alma mortal está leguas detrás de ella, siendo arrastrada en un fantasmal umbilical por la estela desaparecida del avión que la trajo aquí, a cientos de miles de pies sobre el Atlántico. Las almas no pueden moverse tan rápido, y se quedan atrás, y deben esperarse, al arribo, como equipaje perdido.

 

Ella se pregunta si esto empeora gradualmente con la edad: la hora sin nombre más profunda, más nula, ¿su efecto a la vez más extraño y menos interesante?

Adormecida aquí en la semioscuridad, en el dormitorio de Damien, debajo de una cosa plateada del color de manoplas para horno, probablemente nunca pensada por sus fabricantes para dormir debajo de esta. Ella estaba demasiado cansada para buscar una manta. Las sábanas entre su piel y el peso del cobertor industrial son sedosas y hechas de un hilo de lujo, y huelen lánguidamente, adivina, a Damien.

No mal, sin embargo. En realidad no es desagradable; cualquier vínculo físico con un compañero mamífero parece una ventaja a este punto.

[….]

 

Ella se da vuelta, abandonando esta absurda parodia del sueño. Busca a tientas su ropa. Una camiseta negra de niño pequeño de Fruit Of The Loom, completamente encogida, un delgado jersey gris con cuello en V comprado por la media docena de un proveedor de escuelas preparatorias de Nueva Inglaterra, y un par nuevo y oversized de 501 negros, cada marca removida cuidadosamente. Incluso los botones de estos han sido pulidos, sin rasgos distintivos, por un intrincado cerrajero coreano, en el Village, hace una semana.

La tendencia Normcore

Estas líneas de la novela, llevaron al colectivo neoyorquino de observación cultural de tendencias K- Hole a elaborar una suerte de reporte provocativo e irónico Youth Mode. A report on freedom, dado a conocer a través de unos brazaletes en octubre de 2013 en la Serpentine Gallery de Nueva York durante la Feria de Arte de Frieze. El colectivo le dio el nombre de Normcore a una especie de oxímoron sarcástico –sin duda un neologismo a partir de las palabras normal y hardcore, a una tendencia caracterizada por su simplicidad, y surgida de la ironía de generar una tendencia por no seguir una tendencia.

Normcore es un look que se ‘distingue’ por su normalidad y su deseo de pasar desapercibido, y que apela al fastidio que provoca el constante anhelo de exclusividad y del sentimiento de urgencia impuesto por las redes sociales y atribuido a los millenials, de destacarnos continuamente, entre los demás.

Para otros, Normcore es una especie de declaración anti-moda y una manifiesto para utilizar la ropa como un medio para formar comunidad en lugar de una búsqueda desesperada por diferenciarnos. Normcore es la ropa con la que nos sentimos cómodos, es con la que nos fundimos en la multitud, es una actitud básica, una playera básica y un sueter de todos los días. Así fue que verse sencilla se volvió tendencia.

Las Cacey Pollard Units,  o el A-B-C de la tendencia Normcore

Regresando a la novela, Gisbon, describe así los atuendos de Cacey, quien después de una clase de pilates, acude a una reunión de trabajo…

CPUs for the meeting, reflected in the window of a Soho specialist in mod paraphernalia, are a fresh Fruit T-shirt, her black Buzz Rickson’s MA-1, anonymous black skirt from a Tulsa thrift, the black leggings she’d worn for Pilates, black Harajuku schoolgirl shoes. Her purse-analog is an envelope of black East German laminate, purchased on eBay—if not actual Stasi-issue then well in the ballpark.

CPUs. Cayce Pollard Units. That’s what Damien calls the clothing she wears. CPUs are either black, white, or gray, and ideally seem to have come into this world without human intervention.

What people take for relentless minimalism is a side effect of too much exposure to the reactor-cores of fashion. This has resulted in a
remorseless paring-down of what she can and will wear. She is, literally, allergic to fashion. She can only tolerate things that could have been worn, to a general lack of comment, during any year between 1945 and 2000. She’s a design-free zone, a one-woman school of and whose very austerity periodically threatens to spawn its own cult.

 

Los CPU para la reunión, reflejados en la ventana de un especialista en parafernalia Mod de Soho, son una camiseta fresca de Fruit, su MA-1 negra de Buzz Rickson, una falda anónima negra de una tienda de segunda mano de Tulsa, los leggings negros que usó para Pilates, zapatos negros de colegiala Harajuku. Su análogo de cartera es una tipo sobre laminado negro del este de Alemania, comprado en eBay, si no es que un autentico ejemplar Stasi .

 

CPU’s Unidades de Cayce Pollard. Es así como Damien llama a la ropa que ella usa. Las CPU son ya sea negras, blancas o grises, e idealmente parecen haber venido a este mundo sin intervención humana.

 

Lo que la gente toma por un minimalismo implacable es un efecto secundario de demasiada exposición a los núcleos de reactores de la moda. Esto ha resultado en un decremento sin remordimientos de lo que ella puede y, usará. Ella es, literalmente, alérgica a la moda. Ella sólo puede tolerar cosas que podrían haber sido usadas ante una falta general de comentarios, durante cualquier año entre 1945 y 2000. Ella es una zona libre de diseño, una escuela de una sola mujer de quien su mera austeridad amenaza periódicamente con engendrar su propio culto.

 

 

William Gibson en la bomber jacket que imaginó para Cacey Pollard

 

La bomber jacket de Cacey

Las bomber jacket como su nombre lo indica fueron originalmente fueron diseñadas para los pilotos de los bombarderos militares y paulatinamente fueron absorbidas por el punk y otras subculutras o propuestas de streetwear.

William Gibson explica en su blog que el modelo MA 1 de Buzz Rickson’s de hecho no existía, y que después de la publicación de la novela, la compañía lo buscó para hacer una reproducción basada en el look de Cayce, pues la ropa vintage forma parte de uno de las aficiones personales del escritor.

“La MA-1 es una prenda icónica muy compleja que se ha manifestado en varias subculturas desde su primera edición militar en los años 50. Un pequeño culto a los proto -Mods favoreció que a principios de los años 60 en Soho, los skinheads la hicieran parte de su reducido código de vestimenta (a menudo en borgoña, que la Fuerza Aérea de los Estados Unidos nunca emitió), fue parte de un cierto uniforme gay, y los goths la usaban (siempre en negro). Y siempre me gustó, especialmente en las chicas. Nunca he podido usar una, porque tienden a cortarse en la espalda y tengo una espalda muy larga.

Mientras que Rickson nunca había hecho una en negro, innumerables chaquetas negras han sido confeccionadas con el patrón MA-1 a lo largo de los años. Ha sido un patrón muy popular, de hecho clásico. Estas no están hechas según las especificaciones del ejército de los EE. UU., sino que se venden a civiles. Le di una a Cayce porque pensé que funcionaba para ella, y la hice una Buzz, porque funcionaban para mí. Nunca me detuve a pensar que Rickson’s en realidad no era negro, pero si lo hubiera hecho, eso no me hubiera detenido. Hubertus Bigend tampoco existe, y tengo mi licencia poética aquí, laminada, en mi billetera.

Para mi sorpresa, la chaqueta de Cayce inmediatamente me pareció un ‘personaje’, en lugar de simplemente una prenda, y eso me gustó.”

Quizá lo anterior ponga de realce una de las cuestiones con el Normcore, y es que pese a que parece que uno no le invierte nada de tiempo a vestirse, realmente se trata de un look pensado casi con ojo de curador del Met –al menos para Gibson.

Más allá de si Cayce Pollard logra unos looks atemporales o de amplia aceptación –especialmente para quienes no gustan de los suéteres de secundaria; lo que nos deja la novela es la actitud de Cayce frente a la moda: ella inventa sus propias reglas, una actitud totalmente rocker; por lo que el Normcore, tal como es representado en la novela de Gibson recuerda a los looks de Morrisey, Joy Division pero en su versión femenina y de carne y hueso Patti Smith y la modelo Freja Beha Erichsen me hacen pensar que estoy viendo a la misma Cacey Pollard. Asi que, para quienes piensan que la bomber jacket está fuera este invierno, les decimos que los clásicos no pasan de moda.

 

Pamela Crespo
Pamela Crespo

Una taza de café, una buena canción o una charla con amigos me hacen el día. Apasionada de las letras, la cultura, entusiasta del make up y la moda. Tengo experiencia en temas relacionados a la mujer y el género que me gusta infundir en mis contenidos.

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